El grito: "una moneda, una moneda, por favor!”, hiere mí ya frágil
resistencia al exterior y sus miserias. Un colectivo completo, ruidoso y el
movimiento insaciable de Plaza Once, no hacen más que seguir desnudando el sin
sentido del devenir humano. Sin dudas, no tengo un buen día. Pero
tampoco sucede nada extraordinario. Sólo existo.
miércoles, 11 de diciembre de 2019
sábado, 9 de noviembre de 2019
Atardece.
Nuestros cuerpos se doblan, se funden en movimientos de ajedrez nunca
aprendidos. Las miradas, traviesas, se cruzan, se juntan, se desvían. Los
labios, no pueden ni quieren ignorarse, se buscan. El seductor juego
del amor, permanece como hace siglos. En su infinita permanencia, le damos
nuestra única forma.
Entre las miserias cotidianas, un oleaje de
alegría baña, furtivamente, las costas de nuestra vida. Por momentos, la marea
se mantiene alta y el oasis de la felicidad simula una nueva fantasía. Sin embargo,
las aguas bajan y muchas veces turbias. A diferencia del Nilo, no siempre queda
el humus rico y fértil. En ocasiones, lo sucedáneo, es el pútrido olor
nauseabundo de la lucha por sobrevivir.
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