Entre las miserias cotidianas, un oleaje de
alegría baña, furtivamente, las costas de nuestra vida. Por momentos, la marea
se mantiene alta y el oasis de la felicidad simula una nueva fantasía. Sin embargo,
las aguas bajan y muchas veces turbias. A diferencia del Nilo, no siempre queda
el humus rico y fértil. En ocasiones, lo sucedáneo, es el pútrido olor
nauseabundo de la lucha por sobrevivir.
sábado, 9 de noviembre de 2019
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