Color naranja de lunes flotando en
sus dos ejes. Impregnado por siempre del olor dulce de tu mirada. Nunca
escapará de tu superficie la suavidad de esas manos que te soñaban cada tarde.
Eras juego. Eras el objeto de la risa
infantil que sufría en el freno de cada rueda; en la esperanza del ansiado
premio: un billete para la golosina, el buscado helado de gaseosa anaranjada o
la crocante delicia salada. Como extraño verlo en tus manos y, no solamente, sobre ese viejo televisor de
todas las mañanas. Ver tus ojos sobre él. Cuando lo sentías y empujabas, sin
que nunca lo supieras, yo viajaba con vos a todos los rincones del afecto
posible. Jugabas, reías y jugabas. Y todo lo hacías conmigo, con papá que siempre
te extraña.
jueves, 25 de octubre de 2018
jueves, 11 de octubre de 2018
Pequeña
extensión de una ciudad grande y sofocante. Durante años, al atardecer,
escapaba por tus veredas olvidadas y me invadía un suave respiro urbano. Al
transitarte, se hacía más profundo el amor cálido y genuino de esa mano
infantil que me tomaba en esos lunes de rutina y acera silenciosa. Doblar en tu
esquina semejaba una pausa en el tiempo y el espacio. Pausa de sonidos,
interrumpida sólo por las sonrisas y la calidez de esos ojos verde-marrón que
me miraban como puede hacerlo un hijo a su padre. Alegría que se esperaba
durante siete días eternos y recompensa de angustia contenida hora tras hora.
Pero el momento era muy breve, como vos, Dinamarca. Cortada porteña con nombre
de país vikingo o normando. Hermosa vía por donde comienza a extinguirse Caballito.
Imposible hubiera sido no quererte. Sin embargo, esos mágicos tres minutos que
te caminábamos el segundo día de la semana, me enamoraron de cada una de tus
baldosas, árboles y olores. Dejaste de ser sólo una calle. Poco a poco,
resignificaste tu nombre; para mí, comenzaste a llamarte Thiago. Toda la
dulzura y amor inimaginable en cada risa, cada juego contado con pasión y cada
"está o no está " de ese perro blanco y negro que muchas veces,
ladrando en mis sueños, me despertaba en la angustia de tu ausencia; ulcerante
ausencia de hijo. Tal vez, algún día,
decida que mis restos en ceniza descansen en tu tierra amasada, Dinamarca.
Sin importar lo que suceda, nunca podré olvidar esa hora y media de padre que
me permitía respirar en la oscuridad de ese tiempo de terror, depresión y ahogo
casi permanente. Y vos, mucho más que una vía danesa, fuiste el principal
escenario de esos sentimientos profundos que se desahogaban como podían,
disfrutando a mi “cachorro”, mientras ya esperaban el próximo encuentro. Hasta
nuevamente verte, mi Thiago.
miércoles, 29 de agosto de 2018
Maldad inherente que no deja de expresarse.
Perversión que envilece el aire más puro que se pueda respirar. Oscurece el
cielo más diáfano, desatando tormentas de dolor. Ponzoña que hiere y ataca sin
distinguir entre Dios, el Diablo o sus hijos. Su veneno fluye con pena y sin
gloria. Quema todo a su paso. Envenena hasta las entrañas más sucias de una
porqueriza abandonada.
sábado, 18 de agosto de 2018
miércoles, 15 de agosto de 2018
Una inhóspita rutina que nos alcanza en su frió penetrante. Cuerpo olvidado, conviviendo con la perdición del abandonó.
Edificio de sensaciones traicionadas. Ladrillos sufriendo la orfandad de la
intemperie, cemento reseco en su propia desolación y arena ennegrecida por el
paso de un tiempo oxidante. Qué es sino una existencia sin abrazos?
Ni siquiera esa lluvia suave y
profunda puede borrar tu esencia de lino y cedro. La puerta entreabierta
permite oír cada gota que se desliza. Intuir el placer y la emoción del agua al acariciar tu
cuerpo, tus pechos. Te penetra hasta la última célula y te reconoce en tu
desnudez. Pero no me preocupa. No podrá impedir que sigas siendo igual a vos
misma. Aunque el diluvio te envolviera, no hay marea suficiente en el Universo
para lavar la suavidad impermeable de tu dulzura.
lunes, 6 de agosto de 2018
Hoy no soy el que escribe. Es la tinta
de la ira que una vez más despierta y se expresa. Los signos se pulsan desde un subsuelo oscuro y cerrado. Escondidas en esa negra y silenciosa humedad, surgen letras desesperadas. Ni
siquiera pienso, se dispara sola la angustia y acierta en el blanco que
preferiría nunca ver. Un blanco de dolor. Dolor que llora sin pausa, sin
camino, sin metas. Lágrimas que no mojan, pero arden. Corroen las entrañas con
su ácido mordaz y caliente. Queman. Forman un rió de lava que deja una estela roja y fluye
sin pausa. La vieja herida deviene en surco profundo. Ya no extraño, sufro.
Sufro de bronca. De bronca y de ausencia.
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