domingo, 26 de julio de 2020
Si fuera inventor, armaría una nave invisible para visitarte. Fabricaría una pintura indeleble para cubrirme ante tus ojos. Me crecerían manos tan suaves que te acariciarían y lo percibirías sin tomar conciencia de su origen. Finalmente, mi propios deseos, generarían unos labios tan especiales que, mientras nos besamos, todo te parecería un sueño casi tan hermoso como la realidad. Así, el miedo al contagio no censuraría tu deseo. Delirios y urgencias de una larga cuarentena.
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