Salvo en mi lejana y mítica infancia, nunca quise ser militar. Sin
embargo, la existencia por momentos obliga. Hay momentos en que siento ser el
general de mi propio desfile de dolor. Absorto, contemplo mis tiempos como si
fueran ejércitos de amargura desfilando por una efímera eternidad sin sentido.
miércoles, 12 de febrero de 2020
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El Templo permanece intacto. Ni Menem, ni el liberalismo cipayo de Macri y sus amigos, pudieron derribar sus viejos muros que resisten. Ni s...
-
Hoy salí del Colegio de "día". Pero, ya en Valentín Gómez, la realidad se fue transformando en "noche" cerrada. El juego...
-
Necesito escribir. El deseo de jugar con letras y palabras quiere superar mi decisión de no hacerlo. Lucha interna. La realidad me extirpa a...
-
Desaparece la magia. El día, las horas, el espacio se asemejan a otra existencia. A la de casi siempre. Los colores, sensaciones y sonidos s...
No hay comentarios:
Publicar un comentario