Me pongo a escribir. No sé bien
por qué, ni con que motivo. Mientras, suena
música de U2 y a lo lejos las voces de mi suegra y mi mujer. Se acompañan a la distancia.
Se conectan en charlas de presente con detalles mínimos de cotidianidad. Y en un pasado que reverdece por instantes
para luego volver a esconderse en ese lavadero polvoroso de patio de pueblo. Sus soledades desaparecen en un torbellino de
palabras interminables; palabras que se extienden sin importar tanto su
contenido o importancia. Su valor es que los diálogos sigan jugando el eterno
vínculo. Como si el cordón que alguna vez fuera umbilical, hoy haya sido
reemplazado por una llamada inalámbrica que perdura aun cuando se corte.
domingo, 24 de junio de 2018
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